Ni un poco de mierda reseca
¿Qué es lo que queda?
Dos palmadas en la espalda,
Unos años que no pasan,
Un estado que me amarga,
Cuando quiero verterme
Y no puedo,
La fuerza que tengo que hacer
Para sentirme poeta de nuevo,
Empiezo a pensar
Que tú me quedaste seca…
Que no se si el tiempo me aturde
O me alienta,
Ya no puedo escribir ni un verso,
Porque necesito mil palabras
Para gritar cómo me siento,
Quiero verla a ella,
No me basta con apretar
Las muelas con fuerza,
Si ya no valgo para nada,
Salí del caparazón que
Me daba la vida en cada parrafada,
Ya no puedo hacerlo con rabia,
Dime…
¿Soy ahora yo la dama violada?
Prefiero la soberbia
Que te gastas con el mundo,
A la sinceridad
Con la que me embaucas,
Ellos no pueden entenderlo,
Nadie puede entenderlo,
Sólo soy yo quien
Soporta el peso de mi
vida ordenada,
¿Para qué sirvió odiar
La premeditación?
Si ahora sólo soy una más….
Sin título
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Buá
Rompo en enojo. Ya no escribo nunca. Esto se ha convertido en una rutina. Peor aún, de algún modo “necesito” el punto de vista ajeno. No voy a ponerle personajes ni claridades a mi vida. Me gusta así de asfixiada. Voy a dormir mil horas sin que nadie se alarme. No quiero tus besos falsos, siento mucho más sus besos digitales que tus grotescos besos, tus interesadas caricias. ¿Dónde estabas tu entonces?... no puedes hablar de mi de ese modo, no me conoces. Sólo eres alguien que está en mi vida de paso. No voy a reírte la gracia por muy bueno que sea el chiste. No aguanto mucho esta forma de estar. Necesito tranquilidad para vivir como nosotras siempre lo hemos hecho. No, lo que quiero no es ser como antes... ni siquiera puedo mirar atrás, para verte, lejano
y en penumbra, tambaleando tu cuerpo, alzando tu voz, haciendo de mi estómago un puño cerrado, deseando que vuelvas a irte…
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POPURRÍ!
Supongo que a todo el mundo le jode que le llamen tonto del culo…
Debería hacer muchas cosas… entre ellas dejar de hacer algo… Podría dejar de pensar unos días…
Qué rabia la gente que en una discusión termina con los argumentos y comienza con los descalificativos físicos o morales… desde ese momento para mí, pierden la gracia… Hoy no tengo nada que contar, pero es una forma de hablar. Nunca conté ovejitas… se me seca la boca con la j, prefiero contar números, siempre me duermo por el dos mil quinientos, luego despierto y sigo por el tres mil cien… si… recuerdo miles de noches de verano, en mi derecha un cartón para abanicar, en mi izquierda un trapo mojado… mojando mi cara y secándola con el aire escaso que proporcionaba el vaivén del cartón… claro, que eso era cuando no teníamos aire acondicionado… Desde que dos cosas raras adornan la fachada de mi casa… el verano es mucho más fácil…
No existen los límites, cada día me convenzo mas… quizá no sean exactamente límites… lo que yo quiero decir… es… cuando estás tan bien, en una situación que nunca esperarías, y de repente, se tuerce… es como si no existiesen los límites, de tan fantástico que se quiere hacer el momento se acaba jodiendo… pues me pasa casi todos los días… de todas formas, ya he encontrado la expresión que me hace superar esos momentos… no paro de emitir ¡a la porra! todo el rato…
No soy especialmente cariñosa, aunque si agradezco que vengan a abrazarme… Recuerdo un día que estaba en clase y “necesitaba” una muestra de cariño… miré a mi alrededor y sólo encontré la cálida sonrisa de la profesora… entonces me quedé mucho más loca cuando supe que no tenía nadie a quien abrazar… pero bueno, eso son historias de cuando sólo era un sumo japonés que siempre ponía puntos suspensivos a eso del destino…
¿Qué es la nada?... nos planteaba un parásito filosófico un día… Allí eran todos tan desconfiados e inmaduros que sólo podían emitir sonrisas en las que al fin y al cabo se notaba su falta de respeto, su falta de amor a la sabiduría… pero alguien salió para reventarle la clase a la licenciada en tontunas y dijo… -“señorita, la nada es eso que tenemos en mitad de la columna vertebral…”(Supongo que la hierbabuena le llevó en parte a pensar aquella cosa, pero en verdad, ya dijo algo más que ninguno de nosotros…).

Un día se atrevió a sacarnos fuera, la actividad era abrazar árboles, estar en armonía con la naturaleza… enseñarnos a sentir… Pero la tía era tan, tan tonta, que además de equivocarse de camino, no fue capaz de abrazar aquel tronco… supongo que le preocupaba no ser aceptada, aunque fuese un árbol… Nunca fui capaz de ponerme en su lugar para intentar comprenderla… Era una de estas personas frías… No tenía nada que ver con el loco soñador al que conocimos un año antes, que nos sacaba de nuestro cuerpo, nos tranquilizaba con su voz, y abrazaba el árbol como si le fuese la vida en ello… Me hizo uno de los regalos que más me ha emocionado en mi vida. Buscó sus viejas cintas de casete en el fondo de la guantera, y me obsequió con las primeras cintas de Aute que se compró cuando sólo tenía quince años… El “entre amigos” de Aute y Silvio… La otra, sólo hizo reventarme un curso y ponerme de muy mala hostia al menos dos semanas…
“Así fueron las cosas, así las he sentido y así las recuerdo…”
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Ezequiel 1?
Al final, Ezequiel probó el trago del triunfo, y el resto quedó en la absoluta oscurana esperando su eterno suspiro. Pero con la mente más viva que nunca.
Sabiendo que Ezequiel se vería atormentado por la victoria que ahora celebraba, como si no le importase nada mas... Ese trago era el principio de su muerte, su baile alocado era el reflejo de su vida y la exageración de bienes de los que hacía gala mientras los otros esperaban, eran de algún modo, el reconocimiento por su miseria.
Nada se le ponía por delante cuando el veneno le hacía feliz.
Así era Ezequiel cuando empezó a llamarme la atención, cuando yo sólo parecía una chica recién llegada de Hong-Kong y me gustaban las palabras con z.
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Sin título nº 1
Tras medio año subiendo y bajando escaleras, inmerso en una adolescencia cubierta de pollos y pollas. Con la nariz atorada y el corazón helado. Su señora descuidada. El siempre pensó que con pagarle las copas era suficiente. Envuelta en el desengaño. Ahora, incluso, tiene carné de conducir y un BMW en la puerta de su casa. Y mil kilómetros que le separan del jugoso trago del bienestar.
Y todos poniéndose a prueba, por ver quién puede más. Calcular los decibelios de sus quejidos. Los gritos sin consuelo que hacen que el cielo ría a carcajada.
Ni siquiera se que expresión muestran mis labios. Ni mis ojos cansados. Ni mi corazón otra vez desconfiado. Maldito sea el otoño de las escaleras. Aún peor el verano. Que en mitad de cardos borriqueros se aspira el desenfreno del engaño. No puedo creerme su espera. Yo hace tiempo terminé con mi indecisión. Todo lo que fui hoy lo recuerdo. Haciendo un repaso a todo lo de antes me encuentro con épocas mejores, en las que no era ni parásito ni rebaño. NO soy una oveja. No voy a comerme a nadie. Sólo voy a bailar en la madrugada, sólo voy a tomar alcohol hasta que mis venas revienten, sólo voy a ser ahora, lo que nunca quise llegar a ser. Y hoy vuelvo a lo de antes, batidos y futbolines. Mañana volveré a ser la misma imbécil de hace un rato. Dando la espalda a la urna de cristal. A mi mundo imaginario. Mundo de rosas… ¡oh! Querido mundo de rosas y amapolas.
No me prometas mil viajes si piensas morirte para entonces. No desaparezcas de mi vida sin que yo te haya echado primero.
Y recuerdo tus palabras… “no es un error quererte… si no hacerte caso…”
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